miércoles, 18 de junio de 2025


                                                                               San Marcos Sierras, junio de 2025

CARTA ABIERTA A:

Sra. Comisaria San Marcos Sierras, Maricel Acuña

Sr. Intendente San Marcos Sierras, Luciano Vrancic

Sres. Concejales de San Marcos Sierras

Sr. Secretario de Salud de San Marcos Sierras, Pablo González

Sr. Secretario de Turismo de San Marcos Sierras, Adrián Palma

Sr. Secretario de Cultura de San Marcos Sierras, Alejandro Raymond

Área Deportes San Marcos Sierras

Sres. Guardia Urbana San Marcos Sierras

TODOS los vecinos de San Marcos Sierras

                                       

                                            Me presento ante ustedes como vecina del pueblo, y preocupada por varias situaciones que impiden la normal convivencia entre vecinos, el desarrollo armónico y saludable de los habitantes de este pueblo, y que afectan también el desarrollo turístico.

En esta ocasión me ocuparé de los robos y hurtos que se están sucediendo de manera reiterada en nuestros vecindarios, frente a los cuales las autoridades no están encontrando respuesta ni están ejerciendo acciones concretas ni efectivas.

 A nadie se le escapa que San Marcos Sierras ha dejado de ser un pueblo seguro, y esto ha venido empeorando sistemáticamente en los últimos años, en los cuales se ha pasado de hurtos a “entraderas”, y a atracos en la vía pública, lo cual afecta la integridad no sólo de los habitantes sino también de los  turistas.

Pareciera que son hechos casi sin importancia; sin embargo, el enorme volumen de pequeños episodios lo convierten en un gran problema.

Claramente estamos siendo observados en todo lugar y en todo momento. Saben de inmediato cuando entramos y salimos, si estamos o no, o si dejamos algo en nuestros autos.

¿Quién nos observa? Veamos:

El jueves 29 de mayo a la madrugada o a la mañana, quien suscribe fue víctima de una de estas “entraderas”, estando de viaje y el mismo día que se desocupara la casa lindera, por la cual ingresaron cortando un alambrado.

El jueves siguiente, (¿qué pasa los jueves?), precisamente el 5 de junio, 17:52, ingresaron a la casa de un vecino de Los Sauces, y todos lo vimos en un video de su cámara de vigilancia.

Imposible no pensar que fueron los mismos que ingresaron a mi domicilio. Tal como lo expresé en mi denuncia  a la policía, los que violentaron mi casa fueron menudos y cuidadosos. A no ser por algunas cosas tiradas y una hoja de una ventana forzada, era imposible pensar que a mi casa hubieran entrado ladrones. Lástima que se llevaron algo tan preciado como mi guitarra.

En el video del vecino de Los Sauces, vemos una secuencia: un joven que ingresa y da vueltas, abre un poco un cajón, lo cierra, abre la heladera, la cierra, luego la volverá a abrir; por el reflejo de un vidrio se ve que va para otra habitación, vuelve con un par de zapatillas en la mano, se le cae una, la levanta, las atesora, saca algo electrónico y lo sostiene junto con las zapatillas, sale; llega otro con las manos en los bolsillos, se le ve el perfil, perfecto, el otro le advierte que hay cámaras, se lamenta, entonces saca las manos de los bolsillos, trata de cubrirse, se va, se pone una visera en la cara y vuelve a buscar un bolsito. Se ve por el reflejo que corren. Fin.

Le pregunté a alguien qué le había parecido el video, y me habló de impunidad. Pero yo no vi eso.

Lo que vi fue a dos jovencitos vagos y con muy pocas luces. Dos jóvenes acostumbrados a vivir en una casa con una mamá que los reta si desordenan. Es claro que tienen casa y familia.

Me surgen varias preguntas: ¿Quién les avisó que los propietarios habían salido? ¿Por qué ellos nos ven y nosotros no los vemos? ¿Quiénes nos están mirando todo el tiempo? ¿Vecinos? ¿Proveedores? ¿Servidores públicos?  No hay ninguna posibilidad de que sean estos dos los que hacen inteligencia (sin embargo sería bien sencillo secuestrar un par de teléfonos y ver quién les avisa qué casas están libres, ¿no?)

¿Sirven las cámaras? No. Ellos ya saben que si no se les ven las pecas de la cara la justicia las desestima. En ningún lado se perfila sólo por un rostro, pero en esta jurisdicción parece que es así.

¿Sirven los candados? No. Tienen las herramientas para cortarlos.

¿Sirven los alambrados altos? No. También los cortan.

¿Sirven las cerraduras? No. Las patean.

¿Sirven los patrullajes? Desconozco las estadísticas, pero no parecieran ser muy útiles.

No estoy diciendo que no pongamos cámaras o alarmas o candados; no digo que no patrullen la policía o la guardia urbana; estoy diciendo que no va por ahí la cosa, que con eso sólo, pruebas sobre la mesa, no venimos logrando nada ni lograremos nada.  

Creo que nos tenemos que sentar a pensar un poco.

¿Quién reduce las cosas robadas? No me parece que sean estos dos que vimos en la grabación, o algunos otros medio parecidos  los que puedan reducir lo que sustraen. Tal vez puedan llevarse las pavadas, las zapatillas por ejemplo  (de mi casa se llevaron un monederito con hilos y un pimentero de madera). Lo más grande o costoso seguramente se lo queden otros, los informantes o jefecitos, que los esperan afuera o cómodos en sus casas.  

Entonces deducimos que ya hay circuitos de venta: ¿Quién vende? ¿Quién compra?

Ensayé cuatro circuitos, teniendo en cuenta lo que más se llevan:  

*garrafas

*herramientas

*instrumentos musicales

*electrónicos

Ya sé, hay otras pero empecemos por acá. Entre paréntesis me pregunto ¿qué hacen con las tonterías que afanan, por ejemplo mi monederito con hilos?

No sirve ir atrás de las cosas, hay que PREVENIR. ¿Cómo? Impidiendo que las cosas circulen.

Hay que trabajar en la TRAZABILIDAD. No es difícil. Si no pueden vender lo que afanan, van a dejar de robar.

Claro, tenemos que poner voluntad.

Trazar las garrafas es fácil. Son pocos proveedores. Tengo entendido que es obligatoria la traza de las garrafas, especialmente por un tema de seguridad. Pero mientras nos cercioramos de eso hay que hacer un sistema de trazabilidad, sencillo, en el que puedo colaborar.

Instrumentos,  electrónicos y herramientas también hay que inventar un sistema de trazabilidad estándar y sencillo, ponernos de acuerdo para conocerlo todos.

Lo que hay que lograr es que no puedan vender nada sin dejar huella.

Listo, se acaban las entraderas.

SI NADIE COMPRA, EL NEGOCIO SE ACABA.

PREVENCIÓN es la palabra:

 Por un lado, cortar los circuitos de informantes, reducción y venta.

 Por otro lado, cortar el reclutamiento. Me parece importante, aunque suene muy difícil, y seguramente lo sea: buscar ACTIVAMENTE a jóvenes que se saben o sospechan problemáticos para su integración en actividades comunitarias, que tengan un lugar, un propósito más allá del porrito. Crear todo tipo de actividades: deportivas, culturales, un canal de YouTube donde cuenten cosas del pueblo, no sé; despertar el interés y buscar sus intereses. Hay mucha gente talentosa en el pueblo, así que podemos. Si ellos pueden reclutar para el afano, nosotros podremos reclutar para cosas buenas y divertidas.

También me parece importante desnaturalizar el consumo de drogas de todo tipo (legales o ilegales) en el espacio público (la plaza, el río, la quebrada). Cada adulto será responsable de lo que consume en su casa, pero en el espacio público NADA, TOLERANCIA CERO.

Es natural que las acciones estén centradas en agarrar a los ladrones. Después de todo son los que entran y toquetean nuestras cosas, y eso no es agradable.

Pero no seamos ingenuos. Sabemos que si los agarran a los pocos días están de nuevo yirando en el pueblo. Por otro lado, salvo para cruzar llamadas y agarrar a los que de verdad se benefician, de poco nos sirve que vayan unos días presos, es decir, no salen mejores.  Estos chicos tienen una sola idea fija: alguna droga, alcohol, unas zapas que estén buenas y alguna cosita linda que ven en las casas. Con eso los conforman. Por eso hay que romper con el reclutamiento.

Insisto: PREVENCIÓN es la palabra clave.

Quien esté dispuesto a colaborar que chifle. Yo me anoto.

Las autoridades son las responsables, sin duda. Pero no estoy acá para echar culpas sino para ver cómo nos organizamos los cuatro gatos locos que vivimos en San Marcos (ya sé: ahora somos como cinco gatos locos) para devolverle la MAGIA a este pueblo que tanto queremos.

Quizás vuelvan los duendes, quien te dice…

                                                  

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario