Jabad Lubavitch
En diciembre de 2023 asumió el electo en segunda vuelta como
presidente, Javier Gerardo Milei (esto
lo cuento para mis amigos de Helsinki, que seguramente no tengan tan claras las
fechas)
Parece que el tipito se venía perfilando desde hacía años
desde la televisión, como columnista distópico en temas macroeconómicos,
diciendo que el estado era el pedófilo con los niños envaselinados y atados
¡auch! y otras cosas por el estilo. (Los niños envaselinados y atados
vendríamos a ser todos nosotros, los ciudadanos, a los cuales el estado les
roba los impuestos)
Durante años no miré televisión, así que me desayuné de la
existencia de este individuo mediático recién en el 2022, cuando fue electo diputado,
pero tampoco le di importancia en ese momento porque supuse que de ahí no
pasaría.
Sabrán disculparme la triste comparación pero no puedo
evitar un recuerdo del año 2019: una tarde gris mientras que limpiaba los
vidrios de mi casa (suelo tener recuerdos atados a acciones), escuché por
primera vez la historia de un comediante que se presentaba como candidato a
presidente de Ucrania. Recuerdo que todo sonaba muy divertido. Sospecho que al
día de la fecha, Volodomir Zelenski debe estar extrañando sus días como
comediante, cuando “hacía” de presidente
de Ucrania.
Pero volvamos a la Argentina.
Podríamos pensar que la candidatura de Javier Gerardo Milei
a la presidencia se fue construyendo, por el azar o la determinación de él y su
entorno. Milei dice que fue su perro muerto quien le indicó que debía ser
presidente. Eso de por sí ya sería bastante curioso y también peligroso. Sin
embargo, la llegada de este tipo a la presidencia es bastante más que eso.
Imaginemos a un señor de más de cincuenta años, solo,
desvalido, ninguneado, que no ha logrado grandes cosas en su vida, que cuenta
que ha sido maltratado por su padre y su madre, con quienes no se habla y a los
que llama “progenitores”, que vive con su perro cuya muerte lo deja devastado,
que clona a ese perro y empieza a convivir con cuatro (¿o cinco?) mastines clonados, en un departamento porteño
al que le voltea las paredes y que describe como “Kosovo”, con una hermana como
único sostén, sin parejas o con relaciones siempre dudosas, con un único amigo con
el que después se pelea. Un tipo al que siempre le hicieron bullying, al que
llaman “El loco”.
Los dueños de la Argentina siempre buscan a alguien con
algún desvalimiento o con mugre escondida para ser su mascarón de proa. Necesitan a alguien vulnerable, manejable,
fácilmente infiltrable.
Basta poner en el
buscador de Google “dueño de la Argentina” y aparecerá uno de los principales
impulsores de Milei como presidente. (Igual no se asusten porque si ponen dueño
de otro país, por ejemplo, dueño de Singapur, aparecen habitualmente los
hombres más ricos. O sí, pueden asustarse, si quieren, del concepto de Google
sobre quienes son los “dueños”)
Así llegó Milei. De la mano de varios “dueños” que lo
consideraron apto por su gran maleabilidad emocional.
En abril de 2024 hice la primera columna de “El calzón de la
muñeca”
Un chiste que escuché esos días (juro que vi a periodistas
tirarse al piso de la risa con eso), era el motivo de uno de los tantos viajes
del presidente a los Estados Unidos.
Viéndolo a distancia, intuyo que el chiste es tan gracioso como la postulación
de Zelenski.
Veamos un poco de la historia, por si la hubiéramos
olvidado: Milei se pasó gran parte de su
campaña electoral y el principio de su mandato en el Hotel Libertador, un hotel
carísimo, ubicado en el centro de Buenos Aires, que pertenece al grupo Irsa,
del Empresario Eduardo Elsztain. Este mismo empresario fue quien había
presentado y acompañado a Milei recién electo, a la sede de la Jabad Lubavitch
en Nueva York, allá por el mes de noviembre del 2023.
La Jabad Lubavitch es una corriente judía ultraortodoxa, que
es denostada por muchos judíos que la consideran una secta. Elsztain fue el que
introdujo al niño desvalido Milei a la “secta”. ¿Es el presidente consciente
del lugar en el que lo metieron? Creo que no. Y es grave. Esta secta, como
todas, capta a gente con carencias afectivas. La secta te abraza y te capta.
El chiste en cuestión es que en ese viaje, esta vez en Miami, le dieron a Milei la
distinción de Embajador de la luz, cosa que provocó mucha gracia en el ámbito
local. Pero yo sigo sin reírme. Más allá de los chistes de que debería ser el
“embajador de los aumentos en la luz”, no tiene ninguna gracia.
¿Y por qué la reunión fue en Miami y no en Nueva York esta
vez? No lo sé, pero puedo deducir que la sede de Nueva York no debía estar muy
prolija esta vez. Es que alrededor del 9 ó 10 de enero se conoció que en el
mismo edificio de Nueva York donde días antes había estado Milei, había ingresado la policía por denuncias de los
vecinos que habían notado ruidos y movimientos raros. La policía descubrió unos túneles que estaban
realizando en forma bastante precaria, escondidos detrás de unos paneles y que
unía unos edificios con otros. Hay algunas escenas en YouTube, bastante
confusas, en las que se ve a algunos fieles metiéndose a los túneles para que
no los tapiara la policía, y la ley desalojando; hay gritos, gente subiéndose a
mesas…en fin, no se entiende mucho.
La versión oficial dice que fueron unos muchachones traviesos
que estaban queriendo agrandar la sede y se pusieron a cavar sin que nadie lo supiese.
También hubo versiones de que habían encontrado en el
interior de los túneles carritos de bebés, cunas y colchones manchados. Parece
que detuvieron a unos diez muchachones, y después…silencio. No hubo ninguna
otra información desde el 12 de enero.
Como ven, lejos de la luz, todo es bastante oscuro. Y
peligroso.
No sé cómo juega en la cabeza de Milei lo de Moisés y Aarón,
hay algo ahí mesiánico que no termino de descular si de verdad existe. No sé
cómo llegó a la conclusión de que su hermana es Moisés y el Aarón, o al revés,
da lo mismo. No sé a que viene o vino ese coqueteo con el judaísmo, que, dicho
sea de paso, parece haber quedado abandonado. Algunos concluyen que fue su
rabino, de esa corriente judaica, una de las pocas que hacen proselitismo,
quien le había dado el abrazo que el niño-desvalido Milei venía necesitando. No
sabremos nunca que pasó o que pasará. No sabemos si lo abandonaron o se
retiraron cuando el tipito se negó a practicarse la aberrante circuncisión.
A Milei no le importaría su propia derrota personal, pensé
al principio, aunque ahora no lo sé. Parece que se cuida todo el tiempo de
supuestos enemigos, no sólo enemigos simbólicos como los comunistas, es decir,
casi todos, sino que lo vemos todo el tiempo con chalecos antibalas hasta para
bañarse, supongo. Hasta dicen las malas lenguas que alguien le probaría la
comida. Entonces sí tiene miedo. Pero en otro momento dice que no hay que ser
cobardes cuando se alinea por completo con Israel y nos pone a todos en riesgo
de meternos en una guerra que no nos pertenece. Es más, dijo que ya estamos en
riesgo, y que no hay que ser cobardes.
Mi relato es confuso, lo sé. Y no podría ser de otra manera,
porque los relatos de la realidad son confusos.
Por momentos creo entender a Milei y por momentos sus
propias contradicciones ponen en jaque mis razonamientos.
Está claro que no le interesa en lo más mínimo su país. La
Argentina es un país inviable, dijo. Soy el topo que voy a destruir el Estado
desde adentro, dijo.
Un topo en la jerga es un infiltrado. ¿Un infiltrado de
quién?
“Sólo estamos alineados con Estados Unidos e Israel”
“Soy el infiltrado que viene a destruir este país inviable
llamado hasta ahora Argentina, para ponerla a disposición de Estados Unidos e
Israel”.
Siguiendo el razonamiento
esa sería la frase completa.
Me importa un carajo lo microeconómico. Odio el programa de
las ocho, cuyo conductor con cara de circunstancia, exhibe primeros planos de laburantes que no llegan a
fin de mes y de jubilados a los que no les alcanza. Cuanta más gente llorando mejor. ¿A quién se
lo están mostrando? ¿A mí? No necesito tu noticiero triste. ¿Al gobierno? Ya lo
saben. Es el plan. Todos pobres y bien dóciles. Trump, Elon Musk y la
ultraderecha sionista se ponen la servilleta.
Sigo escuchando los análisis de la micro y macroeconomía.
Entiendo que haya muchos economistas y periodistas que necesiten seguir
cobrando sus sueldos.
Pero seamos serios, nunca estuvo tan claro.
Por eso dejé de hacer mi programa de radio.
Porque ya no hay nada que pueda decir.
Por eso ahora escribo para mí.


No hay comentarios:
Publicar un comentario