martes, 19 de noviembre de 2024

 

El gordito japonés


Hace unas semanas, por esas cosas de los algoritmos, me cayó un video del gordito japonés. Bueno, ya sé. En verdad no es japonés, sino coreano, más precisamente el capo de Corea del Norte, que sigue una dinastía de loquitos fanáticos, con ahora un gordito al mando, Kim Jong-Un, aunque su padre muerto continúe, a decir de muchos, tomando decisiones. Hay por ahí una hermana, Kim Yo- jong, única mujer en todo el gobierno, a la que no sé si le dirán “el jefe” ya que toma cada vez más poder.

Si estuviera en Corea del Norte, sería imposible estar diciendo esto sin arriesgar o literalmente perder mi vida en una ejecución sumaria.

Ahora hay tropas de Corea del Norte en Rusia, parece. “Las fuerzas de elite de Corea del Norte ya se encuentran en Rusia y la OTAN calificó el despliegue como una escalada significativa”, dice la CNN.

Como me llamó la atención ese primer video que vi completo, el algoritmo me trajo otro, y otro, y otro, hasta que me cansé de verlos porque son todos iguales. Youtubers que se dan un tour, contratado directamente al gobierno de Corea del Norte, que te lleva a un hotel de lujo, del que no podés salir por tu cuenta, ya que te asignan dos “guías” que estarán con vos toda tu estadía y te llevarán a ver las atracciones del país, que consisten mayormente en paseos que ensalzan la figura del gordito y su padre muerto.

Aclaro desde ya que mis dichos no son discriminatorios con los gorditos, ni los japoneses ni los coreanos, y que ninguno de ellos fue maltratado para escribir este blog.

Pueden por ustedes mismos buscar los videos, sobre los que no me extenderé, incluso la historia de uno de estos turistas, un yanquee  que terminó preso por robar un poster o algo así, y que casi desata un lío diplomático con los estados unidos. El yanquee terminó en la cárcel y lo devolvieron un año después en estado de coma. Trump se abrazó con el gordito coreano y dijo que era una buena persona. 

Corea del Norte tiene un ejército de un millón seiscientos mil tipitos, que marchan todos parejitos, alguno de los cuales intentó y logró huir del país. Pero no todos están desconformes.  Parece ser que un treinta por ciento de la gente idolatra al gordito y su padre muerto y su hermana. Una vez más hay una división en tercios. Los otros dos tercios se dividen entre los que están más o menos convencidos y los que no están nada convencidos. El diez por ciento restantes, desconozco.

Es difícil pensar que haya un treinta por ciento de convencidos de que estos tipos son una divinidad que hay que adorar y seguir.  Haciendo una extrapolación caprichosa podríamos inferir que una de cada tres personas en todo el mundo es capaz de creer cualquier cosa.

Eso explicaría varios desastres.

 

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