El gordito japonés
Hace unas semanas, por esas cosas de los algoritmos, me cayó
un video del gordito japonés. Bueno, ya sé. En verdad no es japonés, sino
coreano, más precisamente el capo de Corea del Norte, que sigue una dinastía de
loquitos fanáticos, con ahora un gordito al mando, Kim Jong-Un, aunque su padre
muerto continúe, a decir de muchos, tomando decisiones. Hay por ahí una
hermana, Kim Yo- jong, única mujer en todo el gobierno, a la que no sé si le
dirán “el jefe” ya que toma cada vez más poder.
Si estuviera en Corea del Norte, sería imposible estar
diciendo esto sin arriesgar o literalmente perder mi vida en una ejecución
sumaria.
Ahora hay tropas de Corea del Norte en Rusia, parece. “Las
fuerzas de elite de Corea del Norte ya se encuentran en Rusia y la OTAN
calificó el despliegue como una escalada significativa”, dice la CNN.
Como me llamó la atención ese primer video que vi completo, el
algoritmo me trajo otro, y otro, y otro, hasta que me cansé de verlos porque
son todos iguales. Youtubers que se dan un tour, contratado directamente al
gobierno de Corea del Norte, que te lleva a un hotel de lujo, del que no podés
salir por tu cuenta, ya que te asignan dos “guías” que estarán con vos toda tu
estadía y te llevarán a ver las atracciones del país, que consisten mayormente
en paseos que ensalzan la figura del gordito y su padre muerto.
Aclaro desde ya que mis dichos no son discriminatorios con
los gorditos, ni los japoneses ni los coreanos, y que ninguno de ellos fue
maltratado para escribir este blog.
Pueden por ustedes mismos buscar los videos, sobre los que
no me extenderé, incluso la historia de uno de estos turistas, un yanquee que terminó preso por robar un poster o algo
así, y que casi desata un lío diplomático con los estados unidos. El yanquee
terminó en la cárcel y lo devolvieron un año después en estado de coma. Trump
se abrazó con el gordito coreano y dijo que era una buena persona.
Corea del Norte tiene un ejército de un millón seiscientos
mil tipitos, que marchan todos parejitos, alguno de los cuales intentó y logró
huir del país. Pero no todos están desconformes. Parece ser que un treinta por ciento de la
gente idolatra al gordito y su padre muerto y su hermana. Una vez más hay una
división en tercios. Los otros dos tercios se dividen entre los que están más o
menos convencidos y los que no están nada convencidos. El diez por ciento restantes,
desconozco.
Es difícil pensar que haya un treinta por ciento de
convencidos de que estos tipos son una divinidad que hay que adorar y
seguir. Haciendo una extrapolación
caprichosa podríamos inferir que una de cada tres personas en todo el mundo es
capaz de creer cualquier cosa.
Eso explicaría varios desastres.


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