El calzón de la muñeca
Hasta hace unos días estaba haciendo un programa de radio
aquí en mi pueblo.
Radio de verdad, es decir con antena y todas esas cosas. Es
verdad que la emisora también tiene página web y una aplicación, que a veces
andan y a veces no, pero es radio.
Había retomado un programa que ya había hecho en el 2019 y
el 2020, que había llamado No levanten polvo. El título del programa alude a mi
pueblo, ya que las calles son de tierra y los autos levantan polvo. Entonces el
título era un llamado a ir más lento para poder pensar la realidad socio
política y económica del país y del mundo. Como no soy
especialista, ni periodista, lo hacía desde el punto de vista de una ciudadana
curiosa.
La editorial del programa la llamé “El calzón de la muñeca”,
en honor a mi muñeca Patricia.
El chiste de la columna consiste en tomar una noticia de la
coyuntura pero hacer un giro para mirarle el calzón, una voltereta que a veces
me deposita en un lugar muy distante del que empecé.
En este 2024, todo iba bien hasta que me empecé a cansar, me
empecé a sentir agobiada y con la sensación de que ya no tenía nada que decir.
Ustedes dirán que en el país y el mundo están pasando un
montón de cosas. Puede ser. Pero mi análisis se había agotado. Todo respondía a
lo mismo, y cada coyuntura me llevaba al mismo análisis. Ya me daba vergüenza
repetir una y otra vez el análisis, y ya me hastiaba repetir una y otra vez el
análisis. Mucho más me avergüenza y me hastía cuando advierto que a nadie le
importa lo que digo, que el mundo va en masa hacia otro lado.
Sin embargo acá estoy, escribiendo para mí. Eso es muy
cómodo.
Y escribiendo para quien quiera leer, y eso no es tan
cómodo. Es que para que alguien más lea esto, debo apelar a publicar y publicitar
en alguna plataforma. De otro modo no hay nadie que se entere de este escrito.
Y ahí empieza mi batalla.
Tengo un blog, pero me dicen que blog spot es anacrónico.
Siempre publiqué por ese medio, por qué no podría hacerlo ahora. Podría ser.
Podría usar mi viejo blog, Sil Maitén. Puede que sí. ¿Tengo
la contraseña? O podría abrir uno nuevo que se llame “El calzón de la muñeca”.
¿Podré usar la palabra calzón en el nombre de un blog o me lo van a rechazar
por inapropiado? Las redes permiten todo tipo de improperios, pero puede ser
que “calzón” les parezca ofensivo o inapropiado. Aunque pensándolo bien hay una
comida que se llama así. Podría poner una foto de comida en lugar de poner a
Patricia. Estos razonamientos que suenan ridículos, indican la dictadura en la
que vivimos. Podré poner dictadura? o tendré que escribir dicta adura, como hacen muchos.
Otra cosa: ¿Cómo hago para alguien se entere que estoy
escribiendo un blog? Pues publicándolo en las redes.
Instagram me da ansiedad. Lo abrí varias veces y a los diez
segundos de usarlo empiezo a hiperventilar (literal); inmediatamente aparecen
legiones de gente que me está siguiendo. ¡No me persigan, por favor! Twitter ni
se me pasó nunca por la cabeza, Tic-Toc me hace acordar a cuando se decía que era
una red para adolescentes. Hoy pienso que es recurso y refugio para adultos
pelotudos.
Entonces esto está planteado así: yo voy a publicar por acá,
el que llega, llega y el que no, nada pierde. Quedará como testimonio. Y tiene la ventaja de
que el día que me muera, sigue colgado ahí. Estará a disposición de todos y de
nadie hasta la hecatombe de la plataforma o del mundo, qué más da.
Si estás acá, bienvenido.
Aclaración uno: uso el masculino, pero me refiero a
cualquier género. En eso soy completamente liberal. (Si vos querés tener
piojos, adelante, diría la canciller…perdón, ya es ex canciller)
Aclaración dos: Estos escritos llevan mi firma, es decir,
expresan mi opinión; cuando pongo la opinión de otros, nomino y entrecomillo.
Aclaración tres: Estos escritos llevan mi firma, es decir,
expresan MI opinión. No me interesa TU opinión en este blog. Los intercambios
de opinión los hago en forma personal, nunca por escrito ni desde el anonimato.
Aclaración cuatro: Me gusta usar la ironía y la utilizo mucho.
Aclaración cinco: la mayoría de las cosas que voy a decir
acá, las dije al aire en No levanten polvo, pero como sospecho que sólo un
ínfima porción del mundo las ha escuchado, voy a repetirlas.
Entonce, vamo a darle.


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